El cobre está presente donde quiera que miremos, constituye una parte fundamental de todo lo que nos rodea. Es uno de los pocos materiales que se logra reciclar varias veces sin perder su rendimiento, ayudando a preservar valiosos recursos naturales, con ahorro de energía y reducción de emisiones de CO2.

Los procesos de reciclaje actuales son eficaces y la innovación en este sector es constante, lo que facilita su recuperación al final de la vida útil. Además sus propiedades hacen que sea el material ideal para trabajar en el desarrollo de tres áreas fundamentales para la vida humana, en energía sustentable, tecnología, y por sobretodo en salud y medio ambiente.

El cobre como energía sostenible

La energía sustentable abarca las urgentes preocupaciones de nuestra sociedad globalizada, tales como asegurar el suministro de energía y mejorar el desempeño ambiental de los sistemas energéticos, manteniendo la eficiencia económica.

“…el cobre conduce la electricidad con una eficiencia de un 60% mayor que el aluminio, 500% mayor que el hierro, 1.000% mayor que el acero y dieciocho veces mayor que el titanio”.

Se estima que el consumo de energía comercializada en el mundo crecerá alrededor de un 53% al 2035, sin incorporar futuras políticas o legislaciones que puedan afectar los mercados energéticos; por lo que expertos insisten en un uso responsable de los recursos naturales limitados por parte de la generación actual, con el objetivo de no comprometer su uso para las generaciones futuras.

La eficiencia del uso de energía térmica y eléctrica y el aumento del uso de energía renovable son componentes esenciales de un sistema energético sostenible.

El papel del Cobre

La conductibilidad del cobre -excepcionalmente alta-, tiene un efecto positivo directo en la eficiencia energética de los equipos eléctricos, los que -de una u otra manera- desperdician energía en forma de calor, mientras que los de cableado de cobre concentran mejor la energía debido a que el flujo eléctrico por éstos tiene mejor resistencia, a diferencia de los cables de aluminio o acero del mismo diámetro. De hecho, el cobre es mejor conductor eléctrico que cualquier otro metal salvo la plata, motivo por el cual los conductores de cobre son la solución más rentable disponible.

Por ejemplo, el cobre conduce la electricidad con una eficiencia de un 60% mayor que el aluminio, 500% mayor que el hierro, 1.000% mayor que el acero y dieciocho veces mayor que el titanio. La plata es el único metal con mayor conductividad eléctrica (aproximadamente un 5%), pero es mucho más costosa, por lo cual no se considera en la mayoría de las aplicaciones eléctricas.

Al ser el cobre el mejor conductor de calor, es el material preferido en las aplicaciones de intercambio térmico como aires acondicionados y refrigeradores, entre otros. Si la superficie de intercambio térmico es mayor, contribuye a aumentar la eficiencia de estos equipos.

En este sentido el rol del cobre en esta línea viene a ser preponderante. Los productos energéticamente eficientes generan un notable impacto financiero positivo durante su vida útil, con los motivos que se detalla:

Bajos costos de operación: los usuarios se benefician con la reducción de las cuentas de electricidad y los costos de mantenimiento;

Mayor confiabilidad: los productos eléctricos eficientes desde un punto de vista energético son más confiables que los productos estándar. Los usuarios se benefician con la menor frecuencia de mantenimiento;

Mayor vida útil: los productos eficientes desde un punto de vista energético suelen durar más que los productos estándar. Los usuarios no necesitan cambiar los productos energéticamente eficientes con tanta frecuencia;

Menor riesgo de bajas de tensión: los productos energéticamente eficientes presentan una menor demanda máxima de energía. Esto ayuda a reducir el riesgo de bajas de tensión y apagones, además de los costos adicionales por la interrupción del suministro;

Mayor capital para inversiones empresariales: al utilizar este tipo de productos, el ahorro de recursos financieros gracias a la reducción de las cuentas de electricidad es mayor, menores costos de mantenimiento, vida útil más prolongada y menores riesgos de fallas eléctricas, puede utilizarse en inversiones estratégicas que pueden permitir el crecimiento y el progreso de las empresas.

Fuente: http://procobre.org